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¿Qué nos está sucediendo?

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¿Qué nos está sucediendo?

¿Qué nos está sucediendo? ¿Qué les está sucediendo?… Soy una agradecida a la vida, siempre de lo peor trato de resaltar, por mínimo que sea lo positivo, pero hay momentos que me quedo sin palabras, sin argumentos… pero afortunadamente nunca sin esperanza.

 

Mi pregunta “¿Qué nos está sucediendo?” va para todos, para mí, para mis seres queridos, para mi entorno laboral, para mis pares, sí, para usted, que sale todos los días a trabajar y quizás ya no se dé el lujo de llevar en su bolsillo tan sólo $20 pesos para comprarse un agua y refrescarse en estos días de calor, por miedo a que lo asalten, y a veces por mucho peor que eso, simplemente no regresar a su casa por tener “algo” o tener “muy poco”.

 

Vendo carteras, pero lo que voy a decir puede sonar contradictorio: estoy pensando si lo mejor ya no sería andar sin ellas… a las mujeres nos apasiona lucir una cartera, va con nuestra personalidad, sin excepciones. Llevar nuestros documentos, un indispensable gel para las manos puesto que ya todo lo que tocamos está contaminado, sumado a insumos de primera necesidad para nuestra higiene en la calle. Ya ni hablemos de llevar una manzana, un abanico, un caramelito, un espejo y un “Angel Face” para retocarnos el maquillaje y estar siempre con buena apariencia, tal como lo hacían nuestras abuelas.

 

Drásticas estadísticas indican que por usar una cartera podemos terminar con los huesos rotos, y de seguro lo que hay allí adentro es de única utilidad para quienes la llevamos, porque apostamos a incluir sólo documentos, y agradecer que no acaben con nuestra vida… y todo esto sin mencionar las billeteras y los celulares que se suman a esa larga lista de objetos preciados por quienes pretenden ser dueños de lo ajeno.

 

Por otro lado, ¿Qué pasa en nuestras casas? cerraduras, rejas, alarmas, ya parece que no alcanza para sentirnos seguros… y es más, vamos a comprar un par de clavos a la ferretería amiga y rogamos que no entre un delincuente y mi familia se quede con tan sólo un último recuerdo de ese día.

 

La inseguridad la tenemos en todos lados, ya los uruguayos no estamos inmunes en ningún sitio del territorio nacional. Aquella famosa frase “dormíamos de puertas abiertas” ya pertenece a nuestra rica historia. Y no se trata de “andar en cosas raras”, ¿qué es en lo raro que puede andar un niño de 2 años que está aprendiendo a caminar e igual lo matan?

 

Es como si cada vez nos alejáramos más de normas y principios elementales sin retroceso. Más de 20 muertos en las rutas nacionales en tan sólo pocos días de iniciado el año, simplemente por imprudencia. ¿Es que nos cuesta entender que un vehículo sin importar tamaño, año, ni marca, si no lo usamos con responsabilidad es un arma mortal en potencia?

 

¿Qué nos está pasando?…

 

Dicen que somos un pueblo solidario, y ¿dónde está la solidaridad cuando una mujer pide sangrando ayuda en tres oportunidades y miramos para un costado?

 

¿Qué nos está pasando?…

 

¿Dónde quedaron nuestros valores, y el respeto por el “otro”?, ¿qué pasa?, ¿cuál es el problema de fondo?, ¡qué alguien lo plantee y tratemos de solucionarlo ya!

 

¿La droga? No lo creo, el gobierno nos vendió la idea de que se solucionaba legalizándola. ¿Dinero? Existen subsidios de todos los colores si no quieren trabajar.

 

¿Entonces? Los números indican que es más negocio estar en la cárcel, que trabajar y pagar impuestos… ¡hasta piscina tienen!

 

Pero yo quiero saber cuál es el motivo real por el cual estamos viviendo este genocidio en plena democracia.

 

Soy una ciudadana más, sin ningún privilegio extra, y quiero encontrar soluciones invitando al resto de la población que aún crea como yo, que hay esperanzas. ¿O tenemos que quedarnos todos de brazos cruzados? Quienes ocupan cargos en el gobierno están muy ocupados, pero al parecer en otras cosas, no en lo que es urgente para los uruguayos. ¿O es que ahí está la respuesta a mi pregunta “Qué nos está pasando”? Quizá nuestros gobernantes aún no se han enterado de lo que vivimos los uruguayos. ¿Serán que viven tan alejados de la gente? ¿O será que no les preocupa la gente?

 

Con optimismo y esperanza me ilusiono en ver un Uruguay más unido y solidario, veo niños jugando en la vereda libremente, veo mujeres felices respetadas por sus parejas, tratando de construir juntos familias fuertes, veo personas agradecidas por tener trabajos y considerarlos medios para obtener crecimiento personal. No podemos contentarnos y acostumbrarnos a lo mediocre. Sé que hay un Dios, y que si juntos aumentamos nuestra confianza en Él podrá darnos la instrucción necesaria para lograr un buen rumbo, como país, y como personas, pero para eso necesitamos unirnos, idear planes altruistas y confiar.

 

 

Por Lourdes Rapalin
Twitter: @LourdesRapalin
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