El talentoso tenista letón Ernests Gulbis, conocido por sus excesos de verborrea que en más de una ocasión le han generado problemas con otros tenistas, entre ellos Rafael Nadal, volvió a hacer de las suyas. Solo unos días después de haber sido eliminado en las semifinales del torneo Roland Garros, y tras haber conseguido un premio de 411.000 euros, decidió gastarlo todo en el casino.

“Después de perder con Novak Djokovic, me volví a Letonia junto a mi primo, y nos fuimos al casino. Allí aposté todo el premio económico que gané en París… y lo perdí”. Reconoció la décima raqueta del mundo, Gulbis sólo necesitó una noche para gastarse todo lo que había conseguido durante el torneo.

Pero, lo cierto, es que pese a perder todo el dinero, Gulbis no tendrá demasiados problemas económicos. Su padre es uno de los empresarios más importantes de Letonia. De hecho, el propio tenista ha confesado en más de una ocasión que utiliza el tenis como ‘hobby’, no como una vía para ganarse la vida, pues ese colchón lo tiene asegurado gracias a su familia. Quizá por ello, consciente de que no tendrá muchos problemas económicos, no ha tenido reparo en gastarse todo el premio.

Y es que Gulbis es un jugador poco común en el circuito. De hecho, es de sobra conocido por sus continuas salidas de tono en la pista: rivales, espectadores y árbitros son conocedores de las maneras del letón. Su última polémica tuvo lugar en Roland Garros: “El tenis es un deporte muy duro para las mujeres, porque deben disfrutar de la vida un poco más, pensar en la familia y en los hijos. ¿En qué hijos puedes pensar hasta los 27 años si juegas profesionalmente?”, aseguró el jugador, una sentencia que ha levantado muchos ampollas en el circuito femenino.

A lo largo de su carrera, ha atacado a tenistas de primer nivel como Nadal, Djokovic y Federer, asegurando que son jugadores “que no dan espectáculo”. El letón indicó días atrás en las páginas de L’Equipe que “los jugadores ‘top’ están demasiado bien tratados, además de estar contentos por que a los jóvenes los traten como a una mierda”. Por si fuera poco, él mismo se calificó de ejemplo de lo que quiere la gente: “El público quiere guerra, sangre y emociones: la gente quiere ver raquetas rotas y escuchar chillidos en la pista”.

Con información de ElConfidencial.com