Ante la amplitud del acceso a internet en la era digital y la capacidad de personas e instituciones de consolidar sus propios medios, crece también la presencia de ciberpatrullas estatales que buscan restringir la actividad digital: desde controlar otro móvil, mantener un estricto monitoreo de la actividad en redes y, en algunos casos, pueden llegar hasta censurar por completo la libertad de expresión.

La intervención de las telecomunicaciones y la promoción de programas para espiar móviles, son formas de control y autocontrol para ejercer presión.

A pesar de que internet surgió y se estableció como un espacio libre y democrático, también ha asomado su lado menos inofensivo. Frente a posibles amenazas, varios factores de poder, tanto gubernamental, militar como económico ponen en marcha estrategias de defensa que terminan siendo más de ataque.

Una de las que ha llamado más la atención en los últimos años es la presencia de Spyware, software diseñado para espiar móviles y otros equipos. El malware es un código malicioso que ocasiona daños al sistema operativo de los dispositivos al ejecutarse sin su consentimiento, mientras que el software de espía tiene un diseño que lo hace distinto. El experto en seguridad y hacker Morgan Marquis-Boire, en entrevista con Amnistía Internacional, indicó que este es un tipo de software que se instala en los dispositivos de la víctima por actores estatales, espías y policías, en lugar de hackers comunes. Les da acceso a las comunicaciones en línea de la víctima y, como gran parte de nuestras vidas ahora está en este plano, aquí es donde ocurre la mayor parte de la vigilancia estatal.

Esta clase software de “intercepción legal” ha estado disponible durante años para la policía y las agencias de espionaje y ahora es de fácil acceso a grupos de poder, instituciones y particulares.

Según reportes de Associated Press, las operaciones de espionaje de EE. UU., México y Colombia, han trabajado con compañías dedicadas a comercializar este tipo de programas.

Estos programas permiten revisar el registro de llamadas telefónicas, localizar la ubicación, escuchar audio, así como ver conversaciones de WhatsApp y demás servicios de mensajería.

Las instalaciones de este tipo de spyware también resultan un buen negocio, puesto que deben ser actualizadas constantemente para mantenerse al día con las últimas tecnologías, ya que los sistemas operativos en los dispositivos también están perfeccionando sus niveles de seguridad y van eliminando posibles fallas que permiten que el dispositivo sea vulnerado.

Las víctimas de estas herramientas de vigilancia informan ser confrontadas por sus correos electrónicos y conversaciones a escondidas, y les siguen el rastro ya que las fuerzas de seguridad logran saber dónde está una persona sin que esta lo sepa. El establecimiento de este tipo de estados de vigilancia, han terminado por fomentar un clima de miedo y autocensura.

La libertad de expresión es base primordial de toda sociedad democrática, sin embargo, en esta era moderna tanto los ISP, las compañías de tecnología y el gobierno promueven políticas y acciones que amenazan la privacidad, mientras que los ciudadanos no se han percatado que esto ocurre. Incluso aquellas personas que no tienen nada incriminatorio que ocultar, de todas formas, tienen información confidencial en Internet y por lo tanto se merecen que se les respete su privacidad, un derecho que está bajo riesgo constante; por ello, es importante persistir en la defensa de dichas libertades.