La “Nueva Normalidad” no vino para quedarse: Crónica del día después… y del día después del día después

La “Nueva Normalidad” no vino para quedarse - psic fernando alonso
La “Nueva Normalidad” no vino para quedarse - psic fernando alonso

Licenciado en Psicología Fernando AlonsoPsicoterapeuta Cognitivo, escritor del libro “El Enigma de ser Uruguayos” en 2008, y Master en comunicación por la Universidad Católica del Uruguay y el Instituto Universitario Ortega y Gasset, adscripto a la Universidad Complutense de Madrid.

No hace mucho tiempo atrás, todos teníamos la posibilidad de movernos libremente en espacios públicos, tanto urbanos como naturales. Podíamos disfrutar al aire libre de actividades compartidas, encuentros, entretenimientos y más. Pero bien dicen que “las cosas sencillas no se valoran hasta que se pierden” y es entonces, cuando nos damos cuenta de su real importancia para nuestro bienestar. La vida se encuentra repleta de esos “pequeños intangibles”, a los que estamos acostumbrados y que damos por sentados, pero es cuando nos faltan que se hacen sentir. Algunos de ellos son de carácter regional y otros más de tipo universal. Basta hablar con cualquier uruguayo que se encuentre radicado en el exterior, para que manifieste lo mucho que extraña los paseos por la rambla, las rondas de mate, la actitud cercana de la gente; pero hay otros intangibles más profundos y universales. “Imprescindibles para todos sin importar la procedencia o la edad”, como ser: la naturaleza, el contacto físico, la comunicación interpersonal y también la mirada cercana, ese pequeño detalle que nos indica, que poseemos existencia real para “un otro”.

Todos estos aspectos, en mayor o menor medida se vieron afectados desde el 13 de marzo, día en que fue declarado el estado de emergencia sanitaria. Por fortuna, las medidas de distanciamiento social responsable dieron sus frutos y al día de hoy, ya llevamos 3 semanas de resultados alentadores con relación a la disminución en la tasa de contagios.

Si Uruguay continúa estabilizándose en su fase de declinación, pronto va a haber un llamado fuerte a la reactivación económica y es importante estar psicológicamente preparados para ese día, porque es evidente que en ese camino, tendremos que enfrentar nuevos desafíos.

¿Qué se avecina el día después?

A paso firme y decidido vemos cómo, “se aproxima por el horizonte la nueva normalidad”.

Inexorablemente, las primeras señales de tranquilidad, cimentadas en las cifras que arrojan los mecanismos o dispositivos de monitoreo, comienzan a empujarnos hacia delante. Lento pero constantes. Atentos al paso a paso. Valorando a cada momento si continuamos avanzando al mismo ritmo, o si por el contrario, debemos enlentecer la marcha para mitigar posibles impactos. “Se trate de un ir probando entre todos”, para constatar si el puente que estamos atravesando nos soporta, o si por el contrario, debemos retroceder un poco para hacerlo de forma más gradual aún.

Y ahora nos enfrentamos a una difícil tarea. La tarea de convencernos de que aflojemos un poco nuestras estructuras psicológicas defensivas, y confiemos en volver a nuestras rutinas habituales (solo si no poseemos factores de riesgo), para construir entre todos esa nueva normalidad. Tanto nos dijeron “#quedateencasa”, que aunque tengamos un fuerte deseo de volver, cuando vayamos a retomar no sabremos por dónde comenzar.

La nueva normalidad implica la vuelta a la actividad pero con ciertos cuidados y también con ciertas restricciones. En tal sentido, el establecimiento de protocolos sanitarios diferenciados para cada rubro de la actividad económica, aportan un marco de amparo para la población general, para que pueda sentirse segura en la recuperación de su anterior desempeño. Es importante recordar, que la falta de certezas frente a la pandemia, por tratarse de una situación de encare global e información en tiempo real sin precedentes, llevó a que muchos personas al sentirse amenazadas, ensayaran los mecanismos biológicos de la “parálisis y la huida frente al peligro”, antes que “el enfrentamiento”. Y es por ello que ahora, debemos brindarles herramientas para su seguridad y recursos con los que sientan que pueden enfrentar “ese día después”.

Los miedos nos van a estar diciendo: “cuidado, esto es un camino nuevo”, “cuidado, no estás preparado o no cuentas con la experiencia, “cuidado, los recursos o las herramientas de que dispones, no son suficientes”, “cuidado, necesitas ir despacio, abrir bien tus sentidos para comprender, analizar y entender, cómo volver”.

Tendremos que vencer una serie de obstáculos para recuperar la confianza en la circulación por los espacios públicos. Este es uno de los desafíos más importantes de la nueva etapa y  para gestionar dicha situación, resultará necesario instaurar una nueva cultura del “uso responsable de los espacios públicos”. Lo cual ya no va a implicar quedarse en casa, sino incrementar paulatinamente el uso de los mismos, pero graduando de manera responsable, y por parte de todos, “la cercanía, duración y frecuencia, del uso” de dichos espacios. Esto será lo que signifique, utilizarlos de manera responsable. Disfrutar del aire, del sol, de hacer deporte, de las caminatas y cualquier otra actividad recreativa o de rehabilitación, sin generar grandes aglomeraciones, y respetando siempre, el principio de conservación de las distancias interpersonales.

Ver con agrado y sin temores el levantamiento progresivo de las medidas, implica todo un retoSi bien hay mucho allí afuera con lo que anhelamos reencontrarnos, volver a confiar como antes, o aproximarnos tan solo a ello, exige coraje. Ha de llevarnos algún tiempo y lo más importante es que cada quien lo maneje a su propio ritmo.

Y todo ello hay que aceptarlo. Aceptarlo para enfrentarlo, enfrentarlo para improvisar, improvisar para adaptarse y adaptarse para transformar la realidad.

La nueva normalidad ha llegado. Y es ese segundo paso necesario, pero no suficiente.

‹‹La nueva normalidad no vino para quedarse, es tan solo el puente que nos ha de llevar, del distanciamiento social responsable, hacia la verdadera normalidad›› Un puente que nos permitirá atravesar el actual estado de situación, hasta volver a arribar a nuestra “vieja y querida normalidad”, ahora más aggiornada y fortalecida con los aprendizajes nuevos.

Porque no son pocos los que afirman, “que no todas han sido malas en esto del encierro”, y quizá ya comenzaron a tomarle el gustito a “andar más lento”, a “hacerse un tiempo para uno”, a “querer estar más en casa y con la familia”, a liberarse de ciertos “condicionamiento sociales”, de “exigencias interpersonales”, de “la vorágine de ser productivos” y también, de la “maquinaria del consumo”.

Pronto tendremos que volver a la actividad, la nueva normalidad así lo exige, pero es bueno que no olvidemos lo que con ello hemos aprendido.

Lo sucedido nos invita a cambiar nuestra perspectiva y la forma de ver las cosas. Las cartas volvieron al maso, para ser barajadas de nuevo y vueltas a repartir. Y los valores que le vamos a adjudicar a las cosas van a cambiar. Supongo que para mejor. Porque a la luz de lo realmente importante muchas de nuestras preocupaciones habituales, se volvieron insignificantes. Quizá lo que hace tan solo tres meses, para nosotros era extremadamente importante, ahora resulte superfluo, insignificante o banal; y de pronto, aquello de lo que disfrutábamos todos los días y a lo que no le dábamos la suficiente valía, resultó ser lo más necesario y trascendental.

Las realidades complejas, que nos conmueven porque traen aparejadas inminentes peligros, situaciones de pérdidas o procesos de dolor, nos abofetean duro en el rostro. Pero es una bofetada que nos despabila, para que despertemos de la indiferencia o la indolencia, y nos encaminemos hacia nuevas formas de ser colectivas.

Llegado ese momento, esperemos darnos cuenta gratamente, que la capacidad que los uruguayos tenemos para cambiar, es mayor de la que creíamos. Porque la realidad la construimos entre todos, con nuestras posturas, percepciones, con lo que comunicamos de nuestros puntos de vista; y en los hechos, con lo que elegimos hacer y con lo que no, a cada paso.

Es importante entender, que si llegamos a esa etapa, es porque estamos mucho mejor que ayer. Y que entre tanto desasosiego, habrá un respiro de esperanza. Entonces, sintámonos afortunados por los resultados del esfuerzo colectivo.

Al final, el hecho de “ser tan pocos” y de que aquí, “todo siempre llega más tarde”, tenía que servirnos para algo, aunque fuese alguna vez.

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