120 piezas componen la nueva exposición temporal producida por el Museo de la Evolución Humana (MEH) de la ciudad de Burgos en España, que cuenta con la colaboración de L’Oreal. La muestra denominada: “La Belleza, una búsqueda sin fin” abarca hitos principales de la historia de la belleza en el mundo, realizando un recorrido científico y cultural sobre este concepto.

La exposición analiza el significado de la belleza desde la prehistoria a nuestros días. La misma se prolongará hasta el mes de diciembre, y cuenta con la colaboración de la firma cosmética L’Oréal España. Cuenta con piezas únicas que van desde un brazalete de oro hallado en los yacimientos de Atapuerca hasta un frasco de colonia de forma cilíndrica hecho expresamente para que Napoleón pudiera llevarlo en sus botas.

Es la 18ª exposición temporal del MEH desde su apertura en julio de 2010 y por las mismas han pasado 126.000 personas.

El Museo de la Evolución Humana de Burgos y L’Oreal España han puesto en común sus investigaciones y experiencia científica en temas de belleza para la exposición “La belleza: una búsqueda sin fin”.

Claves de la exposición

Desde su origen, la Humanidad ha incorporado la belleza al lenguaje con el que expresa sus creencias, valores y sistema social. No se conoce cultura que no tenga su concepto ideal de belleza y haya utilizado el propio cuerpo como lienzo para reflejarlo a través de tintes, peinados, cosméticos, ornamentos e indumentaria.

Los griegos clásicos estrecharon los vínculos entre matemáticas, cosmología, ciencias naturales y estética. Para Pitágoras o Aristóteles la belleza era armonía y proporción de las partes. Consideraban la proporción áurea la relación perfecta para determinar si algo era estéticamente bello, idea que ha perdurado hasta nuestros días.

Con la proporción áurea se inicia el primer ámbito de la exposición del MEH.

La muestra, que alcanza seis ámbitos diferentes, comprende ‘La naturaleza de la belleza’, ‘Fascinación por la belleza’, ‘Generación de ‘la toilette’, ‘Belleza, poder y cotidianeidad’, ‘Luces, cámara, acción’ y ‘Belleza: Ciencia y futuro’ y abarca piezas singulares representativas a lo largo de la historia desde los bifaces fabricados por el Homo ergaster, que evidencian la búsqueda de la belleza de nuestros primitivos ancestros, a los collares egipcios o las diademas romanas, pertenecientes a la prestigiosa colección de Raffel Pagés y su Museo de Historia de la Peluquería, que revelan cómo el modelo de belleza se ha ido transformando a lo largo de las diversa épocas y civilizaciones, como la egipcia, la griega o la romana, donde las mujeres romanas llegaron a importar cabellos del norte de Europa para confeccionar elaboradas pelucas rubias, ya que admiraban el pelo de sus esclavos germanos.

La cosmética

Civilizaciones como la griega y la romana no consideraban bella a una persona si no se aplicaba ungüentos, perfumes o maquillaje, a los que concedían un valor mágico a la vez que se higienizaban su cuerpo y cuidaban su piel.

Fue en el siglo XIV cuando se estableció la diferencia entre el tratamiento médico de los problemas de la piel y el uso de cosméticos con finalidades estéticas. En la exposición se pueden contemplar pigmentos que han sido utilizados a lo largo de la historia, como el ocre mineral, el khol y la henna, el sulfuro de mercurio o el antimonio, la harina de arroz y de trigo, o los productos sintéticos que comienzan a desarrollarse a finales del siglo XIX.

Se puede sorprender cuando se comprueba que elementos como los cítricos o el incienso, que constituyeron los primeros desodorantes de la historia, se utilizaban frotándolos con el cuerpo. El primer desodorante efectivo se fabricó en el siglo XIX con cloruro de zinc.

Por todo ello, esta muestra resulta un fenómeno ligado a la evolución humana. Intentar un acercamiento a este tema ha supuesto para el MEH, en colaboración con L’Oréal España, un reto especialmente satisfactorio.